13/03/07

Con la ternura de una madre


Te acogeré con la ternura de una madre.
Para ti mis manos son pétalos suaves
y mis brazos lirios de inocentes rizos.

Haré de mi voz arrullo para tu inacabado sueño
y mi cálido aliento paliará el frío de la soledad
de tu alma blanca tantas veces engañada.

Remanso de agua dulce será por ti mi regazo,
donde retoces como un cabrito
y en cada burbuja reflejes tu desenfadada risa de media luna.

Bajo mis confortantes y regias alas te pondré a salvo
sin que me importe el horizonte de donde vengas
ni el viento que te raptó ni la tormenta de tu vaso de agua.

No esperes de mí el severo juicio paterno
ni la ley de hierro criminal e insensible,
porque soy tu hermano, tu amigo,

yo te adoro como a un hijo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una cálida reminiscencia me trajo este poema a los labios; y como bien sabes, me es difícil borrar fácilmente un “pendiente”: He aquí me comentario con todo el cariño que es posible ofrecerte: Pero antes, ¡oyesss! qué “remanzo” no es con “S”, es decir…remanso!! ¡Qué surrealista!.
Continuando… ¡Qué preciosa y asertiva imagen!
Y… con respecto al poema:
Muy buenas imágenes, todas muy cálidas; aunque me perdía en algunos momentos… pero recordé a Neruda, y volví a remover ese remanso de agua dulce. Espero y no sea tan sórdido este comentario. En realidad me gustó mucho, de la vez que la leí junto a ti; pero ya sabes… es mejor que el comentarista esté fuera del ojo del poeta… no vaya a salir lastimado.
Sigue escribiendo, suerte.
Elizabeth.