Tu canto acarició mi almay extasió mis sentidos.
Te contuve en mi aliento
y agotada partiste de mí.
Me hiciste sentir tu pureza,
la virginal balada de tu corazón.
Vibré por cada uno de tus tonos
y quedé suspendido con tu sentimiento.
Tu voz me transportó por el tiempo
en un vaivén de mariposa,
en un degravitar de hojas por el viento
a un remanso pueril de inocencia.
Sirena de la costa vuelve a mí,
cántame como al odiseaco Ulises
antes que me pierda en aquel horizonte
de un mar arduo, sinuoso e incierto.
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